
El pasado jueves acudimos los enviados especiales de MariskalRock hasta la sala Nazca en Madrid, en las entrañas del polo empresarial y comercial Azca, para contemplar la ceremonia perfecta de los Hermana Furia y su indomable rock. El recinto estaba resplandeciente, con fans expectantes y con un aura especial de noche grande, de jornada única, de velada épica.
Arropados por un enorme número de seguidores, llegaba la hora señalada. La sangre con su sapiencia propia comenzaba a hervir. Las potentes luces rojas se van fusionando con el abundante humo y la marea de seguidores iniciaba un rugido atronador. Acto seguido, ingresan los integrantes del combo y, tras el saludo preceptivo, muerden certeramente la yugular de los presentes con “Grita con furia”. Iniciaban el sacrificio ritual donde el rock oficia como sacerdote supremo y ellos como canales perfectos e idóneos para que se lleve a cabo. En la celebración hay rabia bien entendida, fuego, distorsión y un sello imborrable de virtuosismo.
Tweety Capmany en batería, Edu Molina en guitarra, Pau Marcos en bajo y Nuria Furia como cantante y al mando de los sintetizadores son los estandartes de un proyecto que es imperdible en vivo: crudeza, destreza, maestría, distorsión, talento, cohesión y química. Los cuatro ponen su alma, su corazón y su voz para que piezas del calibre de “Matar a alguien” y “Dame vida”, pertenecientes a su trabajo de estudio ‘Todo mal’, muten en directo en espadas sonoras que atraviesan la piel más gruesa.
Nuria, en su rol de frontwoman carismática, cercana y sutil, junto a sus compañeros hacen envejecer a todos los mapas del rock. La predeterminación y consistencia de Hermana Furia ha llegado a la escena para romper cualquier tipo de canon preconcebido. Buena prueba de ello llega cuando nos indican: “Vamos a interpretar al completo y en el mismo orden nuestro álbum ‘Rumias’”, trabajo publicado a fines del año pasado, que tan buena recepción está teniendo, y el cual defendieron de manera apoteósica.
Sostienen con palabras cómplices y obteniendo una risa generalizada del público que se está poniendo “el vinilo en el tocadiscos, va bajando la aguja”, y comienzan a sonar por obra y gracia del cuarteto “¿Dónde está?”, “Turbo”, “Instituto”, “Vis a vis” y “Éter” entre otras. El grupo posee esa capacidad y ese don especial que tan solo cargan algunos elegidos en su interior de lograr un estilo propio: desde el bajo de seis cuerdas que se abraza con un batería que tracciona como una apisonadora, pasando por un teclado sagrado y una guitarra incendiaria que se entremezclan a la perfección con unos sintetizadores crudos y una voz que por momentos es colosal, embriagadora y desgarradora a la vez, hasta desembarcar en un sonido excelso y con el sello de denominación de origen “Hermana Furia” en el rock patrio.
El constante humo muta en una neblina de descargas y riffs y se fusiona con el show de luces que propone la banda junto con la pureza y fuerza de sus canciones obteniendo continuos aplausos. La conexión es evidente y palpable con la platea. Entre el público se ve una amplitud muy destacable de edades, con fans que portan camisetas muy variadas que van desde Limp Bizkit, pasando por White Stripes, Los Suaves, Ultraligera y concluyendo en M Clan. Una fidedigna demostración que Hermana Furia ha llegado para cruzar cualquier portal predeterminado de géneros de rock and roll e instalarse. Su vendaval escénico es inabarcable.
Los escenarios son su hábitat natural, y canciones como “La verdad”, “Flor en el culo” y “Amonio” son columnas imprescindibles en su repertorio. Esta última, al ser el cierre del segundo disco, y tras tocarlo de forma íntegra, hace que bromeen manifestando: “Ahora vamos a tocar al completo el primero”, en referencia a su álbum debut, ‘Todo mal’, obteniendo gritos de aprobación del respetable, pero lamentablemente el tiempo es cruel.
Van construyendo una carrera desafiante, derrochando talento y muestran cómo son capaces de pasar de un instrumento a otro durante su directo sin perder consistencia, distorsión ni fuerza. Hermana Furia en todo su esplendor y a un palmo de distancia es una banda que va a marcar el futuro del rock patrio con su estilo, que roza lo sublime y lo divino.
En el tramo final del apoteósico y atrapante concierto, afrontan “Morse”, “Salem” y “Pie fuera” logrando que los vítores fueran estruendosos. Dios los cría y ellos formaron Hermana Furia, así, lisa y llanamente, para poner al mundo en una situación ideal: la de oír y contemplar su propuesta artística.
Antes de finalizar su directo, Nuria sostiene que Hermana Furia nació “de unas perfectas desconocidas” y han crecido. Con sentidas palabras agradece a todo el staff de la banda y procede a nombrarlos, tras lo cual solicita un aplauso para todos los medios de comunicación que apoyan el proyecto desde el comienzo. “Esta próxima canción, que es la última de hoy, solo se puede escuchar en la radio, en el disco físico y en el directo”, expresa la vocalista, y ejecutan “Vidas de cristal” sumergiéndose Nuria Furia en la marea de seguidores para coronar una noche titánica con un pogo de antología.
Hermana Furia hizo latir Madrid con un show de verdadera epopeya y rock.
La entrada Crónica de Hermana Furia en Madrid: El futuro del rock roza lo sublime y lo divino se publicó primero en MariskalRock.com.


