
Salirse del renglón es refrescante, atractivo, liberador e incluso necesario de vez en cuando. La música amansa a las bestias, pero también alimenta tu fiereza animal interior, despierta instintos y sentimientos que no sabías que tenías y conecta con ese yo ancestral que pide a gritos salir a flote. Desde las frías tierras del noroeste del Pacífico, vuelven Wolves in the Throne Room cinco años después con ‘Estuary’, su octavo trabajo puro, ambiental y visceral.
No importa que, como yo, no seas gran conocedor del “true unholy norwegian black metal”, ni de la vertiente norteamericana y canadiense del género. Ellos lo llaman “cascadian black”, por aquello de la vasta región de la que proceden, Cascadia (que está entre el mentado océano y las Montañas Rocosas del continente), ¡y déjate atrapar!
La banda de los hermanos Weaver (Aaron, batería, y Nathan, vocalista, guitarrista y teclista) cumple veinte años desde su primer álbum y lo que hace con este LP, no te puede dejar indiferente. No es para todo el mundo, aviso, ni siquiera pasará el filtro de todos los seguidores del metal extremo y atmosférico más puro. Pero no tengas miedo, deja que su música penetre en las entrañas, que conecte con tu oscuridad interior, y que alimente al ser salvaje y primigenio que todos tenemos agazapado bien dentro. Y cuando algo haga click en tu cabeza, tras las dudas iniciales, estarás preparado para entenderlo.
Empieza con la propia “Estuary”, pero todos los temas son largos, intensos, pesados y basados en ambientaciones. Te puedo recomendar “Knights of Tiamat” o “The Orca Cliffs”, pero los seis cortes de los que consta el álbum te van a transmitir sensaciones similares. Déjate llevar por los espíritus (de “Wretched Spirits, Land of The Light”), fantasmas (“Ghosts Among the Obelisks”) y criaturas que moran en los bosques, mares helados, pasajes desolados e incluso en el rincón más escondido y recóndito de tu mente, y libérate.
Parece malévolo e inquietante, ¿verdad?, pero en realidad da paz y espiritualidad, curioso. Resulta que Marduk, My Dying Bride, los primeros Cradle of Filth, Emperor o Enslaved no estaban tan locos.
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